Como el camino que se recorre en la vida desconociendo la fecha de su final, podría arriesgar esta definición al título de la presente nota que el escritor Roberto Samur seleccionó para bautizar el último de sus libros que contiene la parábola de su existencia resumida en sus memorias escritas cuando "ya casi al otro lado de la longitud de la vida, donde reina el silencio", aguarda sin pretensiones de inmortalidad que no sea la que lucha contra el tiempo representada en la misión cumplida, porque "nada se detiene con nuestro fin", aunque parta con el interrogante de no saber "al final de la tarde , si es el sol encendido el que entra en el mar a sofocar sus ardores, o es el lúbrico mar el que abra sus entrañas para tragar sus fulgores".
Descubro en esta autobiografía a un hombre de claras responsabilidades para afrontar sus retos anteponiendo los valores por encima de abruptas veleidades que hablan de la imperfección del ser humano que, no obstante, su complejidad, no abandona la tendencia de cabalgar sobre el orden disfrutando de la existencia.
Tal vez, sobrecogido por la nostalgia, se refiere a su niñez y pubertad narrando con emoción sus vivencias en torno a los parajes que hicieron del ayer una convivencia gratificante por lo sana y desprovista de toda suspicacia que la ensombreciera. De ese ayer que con acontecimientos como "un homicidio, desfalco o una violación conmovía a La sociedad entera", pero que hoy ni el más horrendo crimen la sensibiliza, porque ya nada a ese nivel la sorprende.
Nos trae con un lenguaje elocuente, embellecido con la buena literatura que se dinamiza con la palabra oportuna, el origen de su linaje, desde cuando sus abuelos libaneses pisaron estas tierras de la esperanza para unos inmigrantes que empujaron su progreso.
Se cuida del autoelogio por las realizaciones en su actividad privada o ya como gobernador del Departamento de Sucre y otros cargos públicos que desempeñó con tal transparencia que, en los tiempos actuales, esta palabra, siendo la más pronunciada en boca de políticos y administradores de la cosa pública, también es la que más ha sido presa de la corrupción. Nos recuerda el autografiado de sus inclinaciones por el Derecho Constitucional sirviendo como catedrático universitario enseñando los derechos y deberes del ciudadano consagrados en la Ley de Leyes, así como analista del acontecer social, político y económico de la región y el país en una columna de opinión que ininterrumpidamente escribió semanalmente por más de 20 años en el diario El Meridiano De Sucre, es decir, también fue periodista.
Así mismo, no deja por fuera, el hacer referencia a trascendentales y luctuosos acontecimientos y sus nefastas consecuencias en la vida nacional, como si el país no pudiera librarse de tanta frustración en su evolución por encontrar la civilización que privilegie el humanismo y la vida, y no la barbarie que nos visita cada vez con más frecuencia, fiereza y odio, motor de la violencia. Entonces nos habla, entre otros sucesos escalofriantes, del asesinato de cuatro candidatos a la presidencia, de "la atrocidad de los multiplicados grupos guerrilleros y paramilitares, los falsos positivos y del narcotráfico. Así como del secuestro de diplomáticos extranjeros en la Embajada de República Dominicana, de "la sangrienta invasión al Palacio de Justicia".
En un libro de solo 113 páginas, que empujados con el pretexto de leer las memorias de un personaje público como Roberto Samur, también refrescamos muchos hechos del pasado y del presente que siguen signando la suerte de una sociedad que ningún atropello que pretenda negarla, detiene su dinamismo que se da entre la bestialidad y la esperanza.
No puedo dejar pasar por alto la hermosa y precisa descripción literaria que el escritor hace sobre La Mojana, víctima del "abandono y la incuria oficial" que anida una riqueza en el torrente de sus aguas y feracidad de sus tierras, así como en la abundante flora y fauna, pero fundamentalmente en el resistente habitante de esa región que empieza a despertar de su "centenaria desventura", que aún se atreven a visitar los "vendedores de esperanzas y compradores de votos en medio de las inundaciones o sequías naturales", que cíclicamente son la tragedia que los hacen visibles en quienes se fijan en su caudal electoral para alcanzar el poder , sin que las bonanzas de éste lleguen a la rica región.
Sugiero que otros gobernantes que hayan aportado con sus ideas y gestión al progreso de Sucre, debieran hablar de sus huellas para que cuando se escriba la historia de nuestras vicisitudes, conquistas y frustraciones, sirvan sus memorias de fuente de información a investigadores, pedagogos e historiadores, como lo son las memorias que comento.

