Si hay una obra que haya creado las más grandes expectativas de progreso para una región como la del Golfo de Morrosquillo, fue y ha sido la ampliación del aeropuerto de Tolú que, de no cumplirse la planificación establecida, sería una profunda frustración para una comunidad que tiene en la esperanza una razón de vida, y que pide a gritos obras como la que referencio por su enorme importancia para su desarrollo.
Gracias a la información y, de alguna forma, al seguimiento con visos de presión que ha ejercido El Meridiano sobre la ejecución del proyecto, todos los imprevistos y contratiempos de orden presupuestal, antropológico, voluntad política y, hasta críticas de todo orden en torno a la ejecución de la obra, han sido superados , también por la insistencia del empresario Emiro Arrazola que parece permanecer en modo insomnio hasta no ver aterrizar aviones procedentes de más allá de las fronteras colombianas. Entonces, cuando ello suceda, serán otras las inversiones que llegarán al Golfo para que definitivamente, sea destino internacional y domestico por sus bellezas naturales que hacen del turismo fuente de importantes divisas y estímulo de inversionistas privados para asentarse en el prometedor escenario , así como, provocar en gobernantes que amen a su tierra y de visiones futuristas, el mayor interés por seguir aportando al bienestar de una comunidad que anhela realizaciones que generen empleo y riqueza en general.
El candidato a la presidencia que no se comprometa con las regiones, interpretando las necesidades particularísimas de cada una de ellas, no va a encontrar una respuesta positiva en las urnas, dado el centralismo que, en la práctica, el presidencialismo lo hace más evidente a costa del progreso de las disimiles regiones en que está dividido el país, a pesar de que constitucionalmente el poder está repartido en las tres ramas que todos conocemos.
Ojo candidatos, El Golfo de Morrosquillo, por ejemplo, como una subregión de Sucre, requiere de muchas más obras que hagan de este pedazo de Colombia el destino obligado para la inversión y el disfrute de sus playas y paisajes naturales, únicos por la calidez de sus aguas que es la misma calidez de su gente.
Y, qué decir de La Mojana, territorio que no le cabe una promesa más, de la infinitud de ofrecimientos que gobernantes y políticos de todas las vertientes ideológicas , se han comprometido a cumplir, siendo, en su mayoría, arrasadas por las crecientes que allá no faltan, sumiendo a sus habitantes en la eterna desesperanza que se vuelve activar en esperanza cuando nuevas propuestas lleguen en cabeza de otras generaciones que el mojanero, siempre optimista y generoso que es, no deja de visionarlas como una realidad posible. Pero, ¿cuál será ese candidato que se sintonice con el querer de Las Regiones más allá del intrincado sistema para seleccionarlo, si con encuesta, consulta, firmas o acuerdo de los partidos? En las urnas nos vemos.

