Cada vez que el magisterio sucreño alza la voz, entre megáfonos, pancartas y asambleas, hay un maestro que no pasa desapercibido. Su tono firme, su presencia constante y su capacidad para orientar a sus colegas se han convertido en parte esencial de la vida gremial. Ese maestro es Diego Berrio Romero, un educador que transformó su trabajo en las aulas en una misión mayor: defender la educación pública y los derechos del docente.
Licenciado en Educación Artística y oriundo de Galeras, Sucre, Berrio llegó a Sincelejo siendo muy joven, decidido a formarse y aportar a la región. Tras graduarse, inició su trayectoria en la Institución Educativa Técnico Industrial de Sincelejo, donde, desde el taller de ebanistería, ha moldeado no solo proyectos en madera, sino también generaciones de estudiantes que reconocen en él disciplina, creatividad y guía constante.
Con el tiempo, su liderazgo trascendió las paredes del aula. Escuchar a sus compañeros, entender sus necesidades y acompañar sus procesos lo llevó a involucrarse en espacios de discusión gremial. Al principio, lo hizo de manera discreta, pero luego su voz comenzó a destacarse hasta convertirse en una de las más claras del magisterio. Hoy, cuando los docentes requieren respaldo o cuando sus derechos están en riesgo, es común ver a Diego Berrio al frente de las acciones.
Su labor, sin embargo, no se limita a movilizaciones o plantones. También impulsa el diálogo, propone alternativas y gestiona soluciones encaminadas a fortalecer la educación pública. Para muchos maestros, representa coherencia y compromiso, porque habla desde la experiencia del aula y desde una genuina vocación de servicio.
En cada jornada de protesta, asamblea o espacio de concertación, su presencia recuerda que la labor docente no termina en el proceso de enseñanza. Para Diego Berrio Romero, la defensa de la dignidad del maestro es parte del oficio, una tarea que exige constancia, convicción y entrega diaria.
Su historia es la de un docente que eligió no callar; la de un maestro que convirtió su liderazgo pedagógico en una voz gremial que respalda a cientos de colegas. Un sucreño que, desde el aula y también desde la calle, continúa apostándole a una educación pública digna y a la defensa de quienes la hacen posible.








