El reciente incremento del salario mínimo en Colombia ha generado expectativas y cuestionamientos en distintas regiones del país. En ciudades como Sincelejo, donde la informalidad laboral es lo que predomina, el impacto de esta medida presenta particularidades que van más allá del aumento nominal del ingreso.
Walter José Marín Barrios, magíster en Economía, y consultor y docente investigador de la Universidad de Sucre y de Cecar, indica que la decisión del Gobierno Nacional responde, en esencia, a la necesidad de proteger el poder adquisitivo de los trabajadores frente a la inflación.
“El principal argumento para subir el salario mínimo de forma significativa es evitar que el ingreso pierda valor frente al aumento de los precios”.
El propósito, añade, es que los ingresos crezcan por encima del costo de vida, permitiéndole a las familias cubrir con mayor solvencia gastos básicos de alimentación, transporte y servicios públicos.
En el corto plazo, muchos hogares que devengan el salario mínimo perciben el ajuste como un alivio en sus finanzas. No obstante, el economista advierte que los efectos reales no se reflejan de manera inmediata. Con el paso de los meses, el beneficio puede diluirse si los precios comienzan a ajustarse al alza, especialmente en rubros clave del gasto familiar.
En Sincelejo, una parte significativa de ese ingreso se destina a comida, arriendo y transporte, por lo que cualquier incremento en estos sectores puede reducir el impacto positivo del aumento salarial.
Uno de los elementos centrales en este análisis es la alta informalidad que caracteriza a la economía local. “La economía en Sincelejo es demasiado informal”, señala Marín Barrios.
Según cifras del Dane, cerca del 68% de las personas ocupadas en esta ciudad trabaja en condiciones informales, lo que implica que muchos ingresos no están legalmente ligados al salario mínimo.
Esta realidad limita la presión directa del aumento salarial sobre los pequeños comerciantes y empleadores. En términos inflacionarios, el economista explicó a La Región que un eventual aumento de precios no estaría impulsado principalmente por mayores costos laborales, sino por otros factores como el encarecimiento del transporte, los insumos, los servicios públicos y los productos que llegan desde otras ciudades.
En materia de empleo, el impacto del incremento del salario mínimo en Sincelejo podría ser moderado. La mayoría de los pequeños negocios opera bajo esquemas informales, con pagos diarios o semanales, incluso mediante trabajo familiar, lo que reduce la probabilidad de despidos masivos. Sin embargo, sí podría presentarse un efecto negativo en la creación de nuevos empleos formales.
“El salario mínimo va a subir, pero el empleo formal no va a crecer al mismo ritmo”, afirma, al referirse a un mercado laboral altamente segmentado, con predominio del rebusque, baja estabilidad y escasas garantías para los trabajadores.
Ante este panorama, el economista considera fundamental que el Gobierno implemente incentivos dirigidos a pequeños empresarios y comerciantes, que les permitan adaptarse al nuevo salario sin trasladar de forma inmediata los costos a los consumidores. De no ser así, el aumento que hoy representa una mejora en el ingreso podría perder impacto en la calidad de vida de los hogares sincelejanos.
En ese contexto, en una ciudad donde la informalidad define buena parte de la actividad económica, el reto no se limita a decretar un salario más alto, sino a lograr que este se traduzca en bienestar real y sostenible para la población.








